Supongamos que yo pudiera convertirme en Dios. ¿Qué haría yo? ¿A quién condenaría? ¿Al que hizo mal porqeu su ley era hacer mal? No. ¿A quién condenaría, entonces? A quien habiendo podido convertirse en un Dios para un ser humano, se negó a ser Dios. A ése le diría yo: ¿Cómo? ¿Pudiste en loqucer de felicidad a un alma y te negaste? Al infierno, hijo de puta.
(De Los Lanzallamas - personaje: Haffner, el Rufián Melancólico)
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