12.13.2025

Sobre las manos (Carta - Carver / Estela Figueroa - cómo quedaran mis manos)

 CARTA


Cariño, por favor, mándame el bloc de notas que dejé en la mesita. Si no está, 

mira debajo. O debajo de la cama. Está

 por ahí. Si no es un bloc, 

unas líneas garabateadas en trozos 

de papel. Pero seguro que están por ahí. Tiene que ver 

con lo que nos contó una vez nuestra amiga la doctora Ruth 

sobre aquella anciana de ochenta y pico años, 

«sucia y endurecida por la mugre», son sus palabras, tan poco 

preocupada por sí misma que la ropa se le había pegado 

al cuerpo y tuvieron que arrancársela 

en la sala de urgencias. «Estoy tan 

avergonzada. Lo siento», decía sin parar. El olor 

de la ropa irritó los ojos de Ruth. Las uñas de la anciana 

habían crecido tanto que ya se curvaban 

hacia los dedos. Le costaba respirar, sus ojos 

solo expresaban miedo. Pero, así y todo, fue capaz 

de contarle a Ruth su historia. Había debutado 

en la Madison Avenue, pero su padre la repudió 

cuando bailó en París en el Folies Bergère.

Ruth y los que estaban de guardia en urgencias creyeron que deliraba pero les dijo cómo se llamaba su hijo, al que no trataba, 

que era gay y que regentaba un bar gay en la ciudad. Y él lo confirmó

todo. Todo lo que había dicho la anciana era verdad. Luego sufrió un ataque al corazón y se murió en los brazos de Ruth.


Pero quisiera ver qué más anoté de lo que nos contó 

Quiero ver si es posible recrear esa época de hace sesenta años en la que aquella joven desembarcaba en Le Havre, hermosa, decidida, dispuesta a triunfar

en el escenario del Folies Bergère, capaz

de echar la cabeza hacia atrás y de saltar a la vez, llevar plumas

y medias de malla, y bailar y bailar, los brazos entrelazados con los de las otras jóvenes del Folies Bergère, levantando la pierna en el Folies Bergère. Puede

que sea un bloc de tapas azules, el que 

me regalaste a la vuelta de Brasil. Puedo ver 

mi letra junto al nombre del caballo ganador en el hipódromo que había junto al hotel: Lord Byron. Pero me importa esa mujer,

no la suciedad, eso no me importa, ni siquiera cuando pesaba casi 150 kilos.

A la memoria no le importa dónde habita y se burla del cuerpo. <<Una vez aprendí algo sobre la identidad», dijo Ruth,

recordando sus años de prácticas. «Todos nosotros, jóvenes estudiantes de medicina,

boquiabiertos ante las manos de un cadáver. Ahí es

donde la humanidad

pervive más tiempo, en las manos.» Las manos de esa mujer.

Anoté

algo en ese momento, como si la estuviera viendo con las manos pegadas

a las esbeltas caderas, las mismas manos 

que Ruth tuvo entre las suyas y no olvida.


Cómo quedarán mis manos - Estela Figueroa


¿Cómo quedarán mis manos

cuando muera?

¿En qué gesto inmóvil

como si un silencioso pintor

las hubiera acomodado?

¿Tratando de agarrar la taza de té frío

o la flor que un amigo piadoso traería

para endulzar la convalecencia?

O simplemente una a cada lado de mi cuerpo

hermanas como han sido

siempre

de mi vida

—poco propicias a la caricia

poco propicias al golpe

siempre distantes de mis emociones...—


Compatriotas,

júzguenlas con benevolencia.


Déjenlas como queden

no las fuercen al gesto del perdón.


Piensen que fueron las manos de una niña

que ya murió,

de una muchacha tímida

que murió también.

Y si quedaran crispadas:

piensen que su vida

—como la de ninguno de ustedes—

fue fácil.




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